Cortina blanca

Hoy el horizonte era una cortina blanca, tal vez del desierto -pero el desierto queda ya lejos; o mejor dicho: hemos dejado ese hábitat-.

Nicómaco sonríe. Pudimos proyectar la película. Hablamos de Marx y su bonhomía -su barba, tal vez, y no el desierto, era aquella cortina blanca-.

Acompañamos a una paula en sus despedidas -esto ha pasado ya más veces, mil veces-.

Cumplo mi papel. Cumplo.

Echo la vista atrás, veo tantos meses de celda y destierro, justo ahora un año hace, y creo que debiera estar satisfecho: aquellos tarros, aquellos despertarres, las manos arrdiendo,... Fue una proeza.

Una mirada morena y amarilla queda allá, más allá de la cortina blanca, donde no alcanza la vista. Esa lejanía... sólo puede significar salud.


Vale