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Mostrando entradas de febrero, 2021

Los siglos de los siglos

Respiro entre siglos e ideas muy distintos y distantes, todos ellos, entre sí. Miles de palabras , también las más mundanas (ecos y sombras, estas últimas, de una gran caverna ruidosa). Cualquiera caería en la tentación de la charanga y pandereta, la barbacoa y el mercado. Yo... siempre estoy a punto de estallar de belleza , o por la belleza. Secreta inanición. Es la escucha (a veces, sacrificio; casi siempre, el mero estado de mi sangre y de mis ojos). Vale.

Lo profundo ama la máscara

«Todo lo profundo ama la máscara» (decía aquél, el de siempre). El pudor, la acción sin reconocimiento -exactamente lo contrario de lo que quería Sócrates, y después también Hegel; lo del reconocimiento, al cabo, es tan burgués como cristiano-.  Physis kryptesthai philei  -todo lo demás, se llama moral y poder-. Amar la máscara, sin reconocimientos leoninos, sin más aspiraciones , sin estridencias. En fin, y en el fondo: como hice casi siempre -como hice casi siempre que hice bien-.  Al alba, Johnny et Sylvie, Sylvie et Johnny. En duermevela volví a jugar con Sylvie, una lúbrica despedida inverosímil de color sábado. Parecía real, y el dulce sabor me durará todo el día. Vale.

Desde tierra firme, para aquellos del acantilado

El desierto y sus cortinas me llaman, pero aquí también hay agua. Desde tierra firme todo aquello parece un lienzo de lino . La verdad y la mentira, el lobo para el hombre, la palpitante ilusión de la voluntad entre emociones y pensamientos. Y mi honestidad , mi secreta honestidad, al dejar entrar y salir así los más temerarios espectros para ellos, para que estos pipiolos los reciban frente a frente y vean y decidan qué van a hacer en el acantilado. En realidad, todo es para ellos y por ellos. Y yo me llevo mi parte también, qué ironía. La soledad de Giges si convierte la magia de la invisibilidad en bien (raquel, ayer). El amor libre como espacio libre donde muchas encrucijadas se resuelven (elena). Y Epicteto, claro, Epicteto... (patricia). Y los ecos de los caminos de la libertad, certera y fría libertad (bárbara), en un patio en que describimos círculos que, tal vez... tampoco es que merezca la pena descifrar (ecco! secolarizzazione di Nausicaa!). Vale

Cortina blanca

Hoy el horizonte era una cortina blanca, tal vez del desierto -pero el desierto queda ya lejos; o mejor dicho: hemos dejado ese hábitat-. Nicómaco sonríe. Pudimos proyectar la película. Hablamos de Marx y su bonhomía -su barba, tal vez, y no el desierto, era aquella cortina blanca-. Acompañamos a una paula en sus despedidas -esto ha pasado ya más veces, mil veces-. Cumplo mi papel . Cumplo. Echo la vista atrás, veo tantos meses de celda y destierro, justo ahora un año hace, y creo que debiera estar satisfecho: aquellos tarros, aquellos despertarres, las manos arrdiendo,... Fue una proeza . Una mirada morena y amarilla queda allá, más allá de la cortina blanca, donde no alcanza la vista. Esa lejanía... sólo puede significar salud. Vale

Comienzo

Unos animales se mataban a otros. Yo me dormía. Parecía la eternidad (en mí menor, por supuesto). El sol radiante dejaba atrás el Desertus . El azul radiante dejaba atrás la Antártida . Nosotros los hijos de los hijos e hijas del infierno, de los hijos e hijas de la gran puta, hemos sobrevivido. Entre matorrales de Maquiavelo y de David Hume. Somos los eunucos de la Ataraxia. El paraíso es escuchar, el miedo es un ladrón al que no guardo rencor, y el dolor es un ensayo de la muerte. Hoy explicamos la moral de Nicómaco como nunca . Y he empezado esto, como profecía autocumplida de una soledad que ha de ser libertad. He matado a una araña cuyo cadáver acaba de desaparecer. Y las paredes, a estas horas de la noche, continúan con el azul claro del cielo de la comarca junto al que he paseado a la mañana. Vale.